Escultor Aitor Urdangarin

LA PRESENCIA/AUSENCIA DE LAS FORMAS DE URDANGARIN

Crítica de Escultor Aitor Urdangarin

LA PRESENCIA/AUSENCIA DE LAS FORMAS DE URDANGARIN

 

 

LA PRESENCIA / AUSENCIA DE LAS FORMAS DE URDANGARIN

 

 

 

La fría y lluviosa tarde enlazaba invernalmente el cielo cantábrico y la bahía santanderina fundiendo en plata mar y nubes sin agitación de galerna sino con bella y muda soledad. En la orilla, provisionales, había testigos excepcionales: esculturas de Aitor Urdangarin. Las curvadas, domadas formas que el artista ha entrelazado con dominio certero se entrelazaban bajo las formas concebidas dando compañía a la naturaleza. Sin duda una clara consecuencia de esta presencia era hacernos sentir mar y tierra de forma distinta. La presencia/ausencia genera en nuestra memoria un recuerdo nostálgico como introdujo una experiencia de completitud. Nudos, paralelos serpenteados, abiertas o cerradas formas domeñadas y libres en su “destino” que no busca una orientación mimética ni provocativa sino el alarde significativo material y acaso el reconocimiento perceptivo de estos significantes que parecen disfrazar la personalidad de un trabajo concienzudo y brillante me hacen ahora nostálgico ante el disfrute de las silenciosas y elocuentes formas.

 

Es evidente esta obra no esta hecha para enaltecer a los dioses, ni para heroica propaganda o para mostrar la armonía de los cuerpos o gravedad funeraria. Pero el objeto tampoco es mostrar la desnudez o la expresionista de los cuerpos. Ni para dejarse influir por comunicación romántica retro.  Aitor dibuja, sin embargo, mediante sus sugerentes figuras abstractas inextinguible praxiteliana redondez, la posmoderna versión erecta del encuentro y el hallazgo del trabajo con las líneas, con los ritmos y las formas. Con una separación del sujeto y el objeto que se empeña en la desnudez. 

 

Lejos de la metáfora platónica, la obra escultórica de Urdangarin revela su propia elasticidad estética y libre a través de la auto recreación. Con el juego serio de la investigación geométrica y el lenguaje del silencio entre la naturaleza y el paisaje, entre el hombre y su inquietud por el espacio, la gravedad y el dialogo entre la quietud y el movimiento. Con el monologo que no puede serlo ante la mas extensa e independiente “intentio operis” que sugeriría Umberto Eco si fuese letra escrita. Además de la propia auto indagación del sujeto –el sujeto-  en torno a su proceso creativo.

 

No es fácilmente descriptible la sensación me produjo la contemplación de estas esculturas urdangarinianas al borde de la bahía santanderina cual ingrávidas formas naturalizadas en el paisaje pese a estar su lenguaje de la “escultura –objeto” sin imagen si tomamos prestado el vocabulario del Willian Tucker cuando habla en El Lenguaje de la Escultura(Londes, 1974) tras examinar los modos de hacer de Rodin a Brancusi pasando por la construcción cubista de Picasso o de Matisse además de detenerse en Julio González, aquel bohemio gran catalan español, nieto de trabajadores joyeros y del metal.

 

Cierta impavidez bajo la lluvia y aparentemente sencillo pero sofisticado entrelazamiento de la formas urdidas por Urdangarin en las esculturas situadas por un tiempo junto a la Santanderina bahía del Cantábrico me hicieron pensar, frente a la canónica traición de masa y volumen, en las técnicas convencionales iniciadas en la modernidad. En la complementariedad y oposición de las formas y el espacio. La complejidad de apariencia sencilla de la famosa construccion de Kasimis Meduniezky se pronto en mi mente como paradigma de “poesia del espacio” (expresión de Robert Godwater, 1969) con los contrastes inspirados en la influencia de fisica y los ritmos que inmediatamente no saltaban a la vista en la forma de Aitor Urdangarin. No soltaban al pronto, pero se manifestaron con fuerza en una segunda contemplación.

 

 A decir verdad ahora me pregunto por la inspiración con que el mejor Gerardo Diego vanguardista – nuestro gran poeta y amante de este mar -, podría adjetivar la belleza de estas esculturas que realizaban con clave y a la vez con majestuoso estilo geométrico la hermosa bahía abierta en plateadas ondulaciones y sombras del atardecer finalmente barrido por la  lluvia.

 

  Diversos  caminos escultóricos  se han trazado desde el patetismo romántico de Rodin al realismo de Julio González, desde la senda de Maillol al “místico” Brancusi y al mismo Arp, o del “primitivo” figurativo expresionismo picassiano. Todo lo ha visto y sentido Urdangarin, ¿acaso Detuvo su mirada un poco mas en la corriente neoconstgructiva pevsneriana? ¡Quien sabe!. Lo que yo sentí bajo la lluviosa aquella tarde junto a la bahía fue que los improvisados testigos de las enlazados sabios anudamientos de Urdangarin se sumerjan en el mar pero quedando a flote en la orilla, salvos del tiempo pasado, erectas sus aparentemente frágiles formas como obsesivas constancia de la poesía interminable de dibujar en el aire y en el agua pero con muy firme pie en la tierra del presente, en humildad provisional de la orilla contemporánea.

 

                                                     CATEDRATICO, CRITICO DE ARTE

                                 

                                                          JESUS PINTADO USLÉ     

 

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